miércoles, 3 de agosto de 2011
y es que tanta alegría me descalibra
Agradezco tenerlo cerca, me des-centra, me des-ubica, me saca del eje, me hace verme desde arriba, me impulsa desde abajo, me dice que puedo si quiero, me quiere sólo si puedo quererlo, no me presiona, me empuja; no sabe exactamente lo que quiero, pero me acompaña. No necesita que se lo diga, él ya lo sabe; no tiene por qué hacerlo, pero él ya lo hace; no hay necesidad de que lo diga, pero a él le surge. Y lo dice como ningún otro, sin tapujos y sin reservas, lo dice por que quiere decirlo y nada más. Me lo dice a mí, pero bien se lo podría estar diciendo a una flor; me lo dice a mí y sabe cuánto significa. Se despierta con el mismo peso con el que me despierto, y hasta a veces paso el día esperando, una señal de humo. No tiene por qué acudir a mi llamado de indio, y sin embargo llega. Me tranquiliza, como si tomase un té; no lo necesitaba y sin embargo ahora no veo cómo no lo vi. No lo hubiera hecho sin él y probablemente no lo volvería hacer con otro, no me sugirían los planes y no me brotarían de la cabeza ideas pero no por él, sino gracias a él. No estaría donde estoy, más feliz y más plena, si no fuera por el chirlo en la cola que me da a diario. Como una suerte de padre, de compañero, de amante, de amigo. Como una suerte de presión en ciertos puntos que hay que tocar de vez en cuando, como una caricia al cuerpo y al alma, como un regaño despacio pero eficaz, como dándome permiso para saltar al vacío..
viernes, 17 de junio de 2011
Ensayo
Te quiero acá, allá, arriba y abajo. Te quiero por debajo y más cerca, te quiero en muchos planos y te podría querer en más de un universo. Te quiero porque me dejás quererte hasta que se me agota el quiero. Te quiero básicamente porque puedo y debo admitir que sos muy dócil para dejarte querer. No presentás ninguna queja y no oponés ninguna resistencia a la hora de que te quiera. El cuento es corto y ya de por sí querible; de alguna manera u otra lo querés tener. Quererte ya no pasa por si es incondicional o no, eterno o fugaz. Pasa porque te quiero de una a tres los domingos, pasa cuando me atraganto para no gritarte. Te quiero cuando se juntan tus pestañas que parecen muchas y están siempre abiertas para escucharme aunque no diga nada. Te quiero en mis miedos y en mis telarañas de sueño. Te quiero esperando al colectivo y cuando no lo querés esperar, todavía más. Te quiero, por si no lo entendés, hasta en la cotidianidad máxima que -creo yo- es la comida entre los dientes. Te quiero en un balcón, en una silla o en un sillón, te quiero en mi cama. Te quiero todo el tiempo. Te quiero profundo. Te quiero hasta cuando cocinás puré.
Te quiero con música de fondo, te quiero charlando, te quiero inclusive cuando me ponés mute -y eso, se lo permito a muy pocos-. Te quiero ver parado, te quiero mejor cuando te bajás un poco. Te quiero anulado, te quiero colgado de una liana.
Te quiero muy al principio idealizado, te quiero en concreto. Te quiero cuando me llamás y si se puede arreglar. Te quiero a la distancia. Quiero que estés bien todo el tiempo, a pesar de que muchas veces yo no lo esté. Te quiero con todas tus salidas y tus finales. El te quiero hasta me duele. Te quiero no sólo en las buenas sino que me doy cuenta que te quiero muy a pesar de tus malas. Te quiero cuando en realidad debería querer matarte, creo que ahí quiero llegar. Te quiero enfermiza y esquizoideamente, te quiero de mil maneras distintas en un mismo día. Querer es, en general, algo sano. O se supone que así tendría que ser. Pero yo te quiero distinto. Te quiero raro. Te quiero extrañado, te quiero cuando me extrañás. Te quiero aunque sólo me lo reafirmes cuando estás al borde. Te quiero de pijama y de musgo. Te quiero con olor a perro, te quiero cuando me olfateás. Te quiero autoritario o pacífico.
Te quiero borracho y cariñoso. Te quiero hasta sucio, la idea es limpiarnos juntos.
Te quiero puede significar muchas cosas, en mi caso vos.
Te quiero o te quiero, porque la mayoría de las veces no me dejás otra opción.
Te quiero con música de fondo, te quiero charlando, te quiero inclusive cuando me ponés mute -y eso, se lo permito a muy pocos-. Te quiero ver parado, te quiero mejor cuando te bajás un poco. Te quiero anulado, te quiero colgado de una liana.
Te quiero muy al principio idealizado, te quiero en concreto. Te quiero cuando me llamás y si se puede arreglar. Te quiero a la distancia. Quiero que estés bien todo el tiempo, a pesar de que muchas veces yo no lo esté. Te quiero con todas tus salidas y tus finales. El te quiero hasta me duele. Te quiero no sólo en las buenas sino que me doy cuenta que te quiero muy a pesar de tus malas. Te quiero cuando en realidad debería querer matarte, creo que ahí quiero llegar. Te quiero enfermiza y esquizoideamente, te quiero de mil maneras distintas en un mismo día. Querer es, en general, algo sano. O se supone que así tendría que ser. Pero yo te quiero distinto. Te quiero raro. Te quiero extrañado, te quiero cuando me extrañás. Te quiero aunque sólo me lo reafirmes cuando estás al borde. Te quiero de pijama y de musgo. Te quiero con olor a perro, te quiero cuando me olfateás. Te quiero autoritario o pacífico.
Te quiero borracho y cariñoso. Te quiero hasta sucio, la idea es limpiarnos juntos.
Te quiero puede significar muchas cosas, en mi caso vos.
Te quiero o te quiero, porque la mayoría de las veces no me dejás otra opción.
jueves, 19 de mayo de 2011
Achtung
Siempre le resultó una palabra bonita, una linda manera de cuidar el paso, de mantenerse atento. Contaba los días que pasaban y no le resultaban tantos. No creía que le estuviera dando resultados, no buscaba eso. Nunca se había fijado en eso. ¿Por qué empezar ahora? se preguntó más de una vez. Con el tiempo se fue olvidando, dejó de temer por su seguridad. Los recuerdos se pasaban al sepia, cruzaban al otro lado con una balsa. Si su memoria lo traicionaba, alguien lo arrancaba y le recordaba que tenía que quedarse ahí. Así como pasó con los recuerdos empezó a pasar con el tiempo, nunca entendió bien si uno causa del otro o viceversa. Los cuadros favoritos ya no tenían el brillo inicial de las primeras miradas de amor.
confabulacioones en el transporte público.
Después de un rato, la chica suspiró, como exhausta de tanta hipocresía. Los hombres un poco más adelante seguían hablando, con el mismo ritmo y la misma emoción con la que habían subido. Sólo un rato después se miraron con complicidad y bajaron a la noche con luces artificiales. Ya en la calle es otra luz la que reina, domina y somete a los tachos metálicos, los plásticos y los cigarrillos en las alcantarillas. En la calle son otros los que mandan, los principios se tergiversan, mutan y se regeneran en minifaldas negras y corbatas ya cansadas de tanto viernes.
Pero volviendo a nuestro interior. El rengo había manejado de una manera muy elegante su situación y con una agilidad casi de gimnasta ruso -uno rengo, claro está- llegó a los asientos del fondo. (Estoy bastante segura que aún con dos piernas no me hubiera sostenido en pie.)
Los asientos de a uno siempre iguales, siempre de a uno y a la izquierda (me pregunto si en Londres pasará lo mismo, ¿será universal esto del individual?) Y siempre lleno, y ahí se pasa al de los dúos. O desconocidos que, por un tiempo promedio de 30', juegan a las parejas ofendidas. Juego que puede resultar muy divertido si uno no es el protagonista de turno. Una sentadita acá atrás puede inventar las vidas ficticias de tantos otros olvidando por un rato la propia. ¡Una ya casi a punto de dormirse puede reinventar la historia con tanta impunidad!
Y uno piensa, y escribe. Sobre-escribe y re-escribe. Hasta llega a escribir desde abajo. Uno escribe dentro de lo que escribe. También se describe y se adscribe pero ya eso es otro problema.
Cuando te metés en la pared celeste de alguien desde la avenida y le tocás el timbre, teniendo en cuenta el riesgo de que te tomen por loco, para preguntarle el número exacto del color.
No vaya a ser cosa.
Pero volviendo a nuestro interior. El rengo había manejado de una manera muy elegante su situación y con una agilidad casi de gimnasta ruso -uno rengo, claro está- llegó a los asientos del fondo. (Estoy bastante segura que aún con dos piernas no me hubiera sostenido en pie.)
Los asientos de a uno siempre iguales, siempre de a uno y a la izquierda (me pregunto si en Londres pasará lo mismo, ¿será universal esto del individual?) Y siempre lleno, y ahí se pasa al de los dúos. O desconocidos que, por un tiempo promedio de 30', juegan a las parejas ofendidas. Juego que puede resultar muy divertido si uno no es el protagonista de turno. Una sentadita acá atrás puede inventar las vidas ficticias de tantos otros olvidando por un rato la propia. ¡Una ya casi a punto de dormirse puede reinventar la historia con tanta impunidad!
Y uno piensa, y escribe. Sobre-escribe y re-escribe. Hasta llega a escribir desde abajo. Uno escribe dentro de lo que escribe. También se describe y se adscribe pero ya eso es otro problema.
Cuando te metés en la pared celeste de alguien desde la avenida y le tocás el timbre, teniendo en cuenta el riesgo de que te tomen por loco, para preguntarle el número exacto del color.
No vaya a ser cosa.
jueves, 3 de marzo de 2011
Sinécdoque.
Las ganas de tantas cosas pasan por al lado. Es globo de helio, es nube condensada, es momento de nada.
Ahora se acopla, está en el aire y en las ganas de compartirlo. Se mezcla con edificios y con anécdotas. El perfume de tantos otros ya no está más en el colectivo de la mañana.
Por que el condicional no sirve para cerrar los cuentos. Lo increíble de la última línea: decidirse. El salto al vacío se da con un solo impulso. Es calle de Venecia cortada.
No se ata, no quiere atarse. Es todo ya, mañana. ¿Es ahora o nunca? Me pregunto. No me responde. No sé cuándo, pero igual perdí el reloj hace tiempo. Pongámosle color para diferenciarlo, un momento. Que se enteren o no da igual, pienso. Después nos reímos un rato con la mancha de café y con el humo las figuras pierden los bordes. En terreno de sábanas pasa a la inversa. Por todos los equilibristas que se caen, este brindis va por ellos. Rescate al náufrago en el vaso que nunca encendió la bengala. Los reacios de nunca, siguen muriendo por flores en primavera. Y sin embargo las flores no sobreviven el invierno. Jardín de infantes mentiroso, reza por nuestras almas y nos devuelven. Bien por mí, esta vez lo estoy alcanzando. Todo suma, algunas cosas compensan. Parar ahora no tendría sentido. Mirá a Laura sino. Planes entrecruzados, líneas cortadas y diarios vacíos. “Hoy no hice nada” profana, lanzás insultos al sillón por ponerse ahí y estarse tan cómodo en el living. "Puf! cosas inertes!" pienso cuando te veo. Si querés lo hacemos, hoy igual no tenía muchas ganas. No, no, no es por víctima; tampoco por mártir. Es sólo que a veces quiero sonrisas.
Ahora se acopla, está en el aire y en las ganas de compartirlo. Se mezcla con edificios y con anécdotas. El perfume de tantos otros ya no está más en el colectivo de la mañana.
Por que el condicional no sirve para cerrar los cuentos. Lo increíble de la última línea: decidirse. El salto al vacío se da con un solo impulso. Es calle de Venecia cortada.
No se ata, no quiere atarse. Es todo ya, mañana. ¿Es ahora o nunca? Me pregunto. No me responde. No sé cuándo, pero igual perdí el reloj hace tiempo. Pongámosle color para diferenciarlo, un momento. Que se enteren o no da igual, pienso. Después nos reímos un rato con la mancha de café y con el humo las figuras pierden los bordes. En terreno de sábanas pasa a la inversa. Por todos los equilibristas que se caen, este brindis va por ellos. Rescate al náufrago en el vaso que nunca encendió la bengala. Los reacios de nunca, siguen muriendo por flores en primavera. Y sin embargo las flores no sobreviven el invierno. Jardín de infantes mentiroso, reza por nuestras almas y nos devuelven. Bien por mí, esta vez lo estoy alcanzando. Todo suma, algunas cosas compensan. Parar ahora no tendría sentido. Mirá a Laura sino. Planes entrecruzados, líneas cortadas y diarios vacíos. “Hoy no hice nada” profana, lanzás insultos al sillón por ponerse ahí y estarse tan cómodo en el living. "Puf! cosas inertes!" pienso cuando te veo. Si querés lo hacemos, hoy igual no tenía muchas ganas. No, no, no es por víctima; tampoco por mártir. Es sólo que a veces quiero sonrisas.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Mirar el reloj cada veinte minutos. No poder estar con uno mismo ni un rato. Sos todo lo que no querés ser, odiás todo lo que sos, todo lo que te representa, todo con lo que te identifican. En eso que antes encontrabas placer ahora es una secuencia lastimosa de vidrios rotos. Te parece todo tan banal, te hacen comentarios superfluos halagando todo lo obviamente tangible. Un llavero de gente en forma de telaraña. Un mar de plastilina y un cielo de gelatina se funden en el horizonte. Un cementerio de ideas inconexas. Tu negación llega hasta tal punto que vuelve a empezar el círculo y te parás de tu propia mesa. Querés salir de tu cuerpo saboreado y principalmente de tu cabeza que cayó en desuso trágico. Inhumano te querés sentir; o a lo sumo, creés que sos poco humano. No merecés el nombre de Barón que te heredaron. El alma nunca pasó de ser blanca a dorada. Estados no consentidos, no aceptados, que no aparecen en ningún mapa de ningún lugar. Un estado para nada soberano, sin límites, que no se describe en ningún manual de historia. Y así como no se escribió puede desaparecer en cualquier moemento. Venido a menos luego de siglos de auge, caer en decadencia tan rápido, ha sido comprobado, se puede. En una carrera vertiginosa por el salto, la estabilidad (y sobre todo la perspectiva) se pierde.
Motor surreal que todo lo absorbe, todo lo tritura; todo lo transforma. Nada se pierde, nada se puede perder, ¿qué significaría eso sino? ¿que existe un vacío? Que existe otro lugar, ciertamente. Que somos copias imperfectas, grabados incompletos, escenas detenidas. Somos flujo de historias, una canilla abierta de oportunidades fertilizantes. Para entrar aceitados, ya sabiendo, no necesitando a nadie y no queriendo sentir. El azote de los años. De la inmersión y de la inversión. De las invenciones, de las intervenciones. De los atrasos y de la llegada, definitivamente, tarde. Cortina cerrada de sala de teatro. Recámara alquilada. Leche vencida un día después y pañuelos descartables para la neurosis (de moda).
Motor surreal que todo lo absorbe, todo lo tritura; todo lo transforma. Nada se pierde, nada se puede perder, ¿qué significaría eso sino? ¿que existe un vacío? Que existe otro lugar, ciertamente. Que somos copias imperfectas, grabados incompletos, escenas detenidas. Somos flujo de historias, una canilla abierta de oportunidades fertilizantes. Para entrar aceitados, ya sabiendo, no necesitando a nadie y no queriendo sentir. El azote de los años. De la inmersión y de la inversión. De las invenciones, de las intervenciones. De los atrasos y de la llegada, definitivamente, tarde. Cortina cerrada de sala de teatro. Recámara alquilada. Leche vencida un día después y pañuelos descartables para la neurosis (de moda).
Terrazas sin señal
El ruido a océano, a inmensidad está en plena ciudad con audífonos. Fuera de foco, adentro del tiempo. En el único momento que realmente vivimos. No pensamos que vivimos, reflexionamos y palpamos lo que sentimos. Pensamos y sentimos. Pensamos y ya. VIivimos y basta. Todo esto en un segundo de anarquía caótica. Empieza y termina sólo en ese segundo.
Eventualmente acaba y volvemos a pensar que vivimos y vivimos que pensamos.
(en mi defensa debo admitir que estaba muy loca cuando escribí esto, creo que hete ahí la publicación)
Eventualmente acaba y volvemos a pensar que vivimos y vivimos que pensamos.
(en mi defensa debo admitir que estaba muy loca cuando escribí esto, creo que hete ahí la publicación)
PICNIC
Caminar es un intento sórdido de escapar. Hacia la nada, caminar para no llegar a ningún lugar en particular. Autores de lo inconcluso en la noche, caminatas. Va, ir, yendo, todos nosotros (¿qué esperabas?¿una carta de amor?)
Estreñidos por el tiempo, desgastando veredas van, todos aquellos que le escapan a lo ordinario y siguen caminando.
Estreñidos por el tiempo, desgastando veredas van, todos aquellos que le escapan a lo ordinario y siguen caminando.
martes, 14 de diciembre de 2010
estudio I
No es lo mismo la vida que tienen los edificios a la noche o durante la semana. Hay algunos que están pensados para tener su momento de coronamiento cuando prenden los ojos eléctricos. Algunos cumplen sus funciones de 9 a 17. Otros al tener la responsabilidad delegada de la calle parecen cansados del tiempo que les pasa abierto. Y cierran un poco sus persianas porque tanta gente mirándolos les agobia, hasta la mañana siguiente que intentan camuflarse con el ritmo de la ciudad. Naturalmente bellos, perfuman los pasajes, juegan a ver quién es más importante, se entrecruzan cables con mensajes y sus espaldas rozan medianeras. Para los momentos de intimidad cierran las cortinas.
Algunas, pretendiendo ser arte por ellas solas, se ensañan con el cemento. Y las más viejas disputan por hechos históricos, juran haber sido partícipes de una revolución o víctimas de un atentado. Injurian a personajes que han sabido hospedar. Si se mira con atención por Avenida de Mayo algún que otro edificio nos sonríe sol; cómplice, erguido y orgulloso se para con su cúpula de pizarra. Alguna que otra gárgola con dejos de actriz trata de entrar en escena de vez en cuando..
Algunas, pretendiendo ser arte por ellas solas, se ensañan con el cemento. Y las más viejas disputan por hechos históricos, juran haber sido partícipes de una revolución o víctimas de un atentado. Injurian a personajes que han sabido hospedar. Si se mira con atención por Avenida de Mayo algún que otro edificio nos sonríe sol; cómplice, erguido y orgulloso se para con su cúpula de pizarra. Alguna que otra gárgola con dejos de actriz trata de entrar en escena de vez en cuando..
Dos ciegos que se pelean por ver quién lleva el bastón en la esquina de una avenida. Y la gente pasa alrededor mirando, y los autos que les tocan bocina para que se corran. Pero ellos no escuchan nada más allá de sus propios gritos. Mandan al frente a sus mejores palabras, sacan sus mejores espadas; tácticas de persuasión para dejar al otro vulnerable, para encontrar un hueco por el cual luego poder emboscar. No se dan cuenta que se abren las heridas y revuelven en sus propios estómagos. No se dan cuenta que mientras más lo lastiman, más se lastiman.
Se acerca la hora y yo me quedo esperando, al borde, siempre al borde. Se acercan las presiones y yo las evado, siempre de primera. Se acercan las emociones y las niego, hasta que ya caen de maduras. Se acercan las personas y quedan retenidas en la aduana emocional. Se acercan los objetos y se prenden fuego solos, esperando por un segundo no ser olvidados como recuerdos. Se acercan los momentos y se esfuman en la brisa de verano.
Se acercan las estaciones y yo espero, sentada, a que pase el próximo tren.
Se acercan las estaciones y yo espero, sentada, a que pase el próximo tren.
viernes, 3 de diciembre de 2010
una mañana
-¿Tiene azúcar?
-No, te dije que no..no sé cuánto le ponés..
-Uh..¡me hubieras avisado antes!
-Buen, nada, no me di cuenta..
-¿Y vos qué tomás?
-Eh..ya me tomé un cappuccino, estoy bien..
-¿Y entonces para qué hiciste café?
-Porque a vos te gusta el café..bah..te gusta el café, ¿no?
-Si, si, me gusta..pero..¿para qué hiciste si no tomás?
-Nada, tenía ganas de hacer café, ¿cuál hay?
-¿Me hiciste café significa?
-No, no te hice café, hice café..así en genérico..
-Me hiciste café...
-No, te dije que no..no sé cuánto le ponés..
-Uh..¡me hubieras avisado antes!
-Buen, nada, no me di cuenta..
-¿Y vos qué tomás?
-Eh..ya me tomé un cappuccino, estoy bien..
-¿Y entonces para qué hiciste café?
-Porque a vos te gusta el café..bah..te gusta el café, ¿no?
-Si, si, me gusta..pero..¿para qué hiciste si no tomás?
-Nada, tenía ganas de hacer café, ¿cuál hay?
-¿Me hiciste café significa?
-No, no te hice café, hice café..así en genérico..
-Me hiciste café...
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Malos hábitos.
Y aunque lo estés esperando no va a llegar. No va a ser cuando vos quieras, ni donde vos quieras. Va a pasar cuando menos te lo imagines. No va a empezar cuando otros lo titulen, no va a ser cuando vos lo quieras definir. No te vas a dar cuenta y de repente ya vas a estar a 3 horas de capital mirando por la ventana el pasto. Se te va a pasar en un segundo y cuando te des vuelta muy probablemente ya no esté ahí. Vas a jurar y perjurar sobre las mismas cosas y aún así no va a pasar. Vas a insitir, vas a pelear, vas a presionar sobre los mismo botones, pero vas a terminar desistiendo porque no va a pasar. No va a ser cuando yo me acostumbre, no va a ser el día que ceda en algo, no va a estar en una mira cómplice de reojo, no va a entonarse con la frase ingenua sincronizada al azar, no va a ser en una cena con amigos, no va a ser al teléfono con mi mejor amiga. Va a ser cuando menos te lo esperes. Que un día te vas a despertar con alguien y ya no más al lado de alguien.
Y cuando pase, esa va a ser la verdadera invitación al hábito.
Y cuando pase, esa va a ser la verdadera invitación al hábito.
vai embora
Que estemos tan cerca de fin de año es bueno. Es bueno porque significa que ya le quedan pocos días al año como para poder decir "este fue el peor día del año". En esa mirada negativista, tópico del "siempre a mí" o como se lo quiera llamar está la clave. Hay días buenos y días malos, días para el balance y días para olvidar, días para analizar y días que mejor ignorar; pero no hay nada como llegar a esta parte del año y saber que nada la puede cagar tanto. Nada la puede cagar tanto por el simple hecho de que le quedan poco tiempo, no tiene (casi) espacio físico en donde desenvolverse la cagada. Hagan el intento un día de estos, traten de mandarse todas las cagadas que puedan y van a ver que estamos en esa época del año que es más bien un limbo. Te lo van a terminar perdonando, se van a terminar olvidando y vamos a empezar el nuevo año deséandonos buenas vibras para el 2011 por mensaje de texto como todos los años anteriores. Es como que no importa lo que hagas en este momento porque se va a ver justificado por h o por b como "era fin de año..estábamos todos cansados, no sabíamos lo que decíamos.."
martes, 9 de noviembre de 2010
nos-otros
Nosotros que creamos a imagen y semejanza. Nosotros pulcros. Nosotros en los otros. Nosotros sin ganas y nosotros exponenciados. Nosotros creativos y nosotros bloqueados. Nosotros de máscara en carnaval, nosotros con lagaña. Nosotros en vela, nosotros a proa. Nosotros de primavera, nosotros fríos. Nosotros refinados. Nosotros antagónicos. Nosotros superlativos. Nosotros cambiantes. Nosotros como energía, no como nosotros. Nosotros porque, por suerte, no somos otros. Nosotros contentos. Nosotros cerrando. Nosotros (re)conociendo. Nosotros asustados y el nosotros que nos apabulla. Nosotros convencidos, fieles. Nosotros en perfume.
Nosotros extendidos. Nosotros en contra mano. Nosotros sin complicaciones. Nosotros cambiantes. Nosotros convencidos. Nosotros de carnada. Nosotros en paz. Nosotros dinámicos. Nosotros acá o allá, depende dónde elijamos. Nosotros en situación. Nosotros congruentes. Nosotros libres. Nosotros en el aire. Nosotros en conversación. Nosotros incomodándonos. Nosotros que llama. Nosotros que comparte. Nosotros decididos. Nosotros como manifiesto. Nosotros como pared de nube. Nosotros haciendo oídos sordos. Nosotros de plaza. Nosotros sencillos y sin ropa. Nosotros diplomáticos. Nosotros mirándonos mientras no nos podemos mirar. Nosotros necios y testarudos. Nosotros al frente. Nosotros honestos. Nosotros sin miedo. Nosotros eclécticos. Nosotros como tormenta. Nosotros juguetones, casi de infantes. Nosotros haciéndonos cargo. Nosotros haciendo el descargo. Nosotros en ciclos. Nosotros mareados. Nosotros encasillados. Nosotros por deporte. Nosotros por profesión. Nosotros anarquistas. Nosotros estancados. Nosotros en círculo. Nosotros contra la pared, una y otra vez. Nosotros distantes. Nosotros neuróticos. Nosotros en descanso. Nosotros al natural. Nosotros imaginado. Nosotros radiantes. Nosotros fácil. Nosotros siguiendo las reglas. Nosotros descalzos. Nosotros de viaje. Nosotros leyendo. Nosotros de radio. Nosotros de polvo de bibliotecas. Nosotros de terrazas y de estrellas. Nosotros multiplicados. Nosotros reflejados. Nosotros inherente a cada uno. Nosotros en decadencia. Nosotros histriónicos. Nosotros verborrágicos. Nosotros seguros.
Nosotros como nosotros.
“Nosotros” por no decir “yo”.
Nosotros extendidos. Nosotros en contra mano. Nosotros sin complicaciones. Nosotros cambiantes. Nosotros convencidos. Nosotros de carnada. Nosotros en paz. Nosotros dinámicos. Nosotros acá o allá, depende dónde elijamos. Nosotros en situación. Nosotros congruentes. Nosotros libres. Nosotros en el aire. Nosotros en conversación. Nosotros incomodándonos. Nosotros que llama. Nosotros que comparte. Nosotros decididos. Nosotros como manifiesto. Nosotros como pared de nube. Nosotros haciendo oídos sordos. Nosotros de plaza. Nosotros sencillos y sin ropa. Nosotros diplomáticos. Nosotros mirándonos mientras no nos podemos mirar. Nosotros necios y testarudos. Nosotros al frente. Nosotros honestos. Nosotros sin miedo. Nosotros eclécticos. Nosotros como tormenta. Nosotros juguetones, casi de infantes. Nosotros haciéndonos cargo. Nosotros haciendo el descargo. Nosotros en ciclos. Nosotros mareados. Nosotros encasillados. Nosotros por deporte. Nosotros por profesión. Nosotros anarquistas. Nosotros estancados. Nosotros en círculo. Nosotros contra la pared, una y otra vez. Nosotros distantes. Nosotros neuróticos. Nosotros en descanso. Nosotros al natural. Nosotros imaginado. Nosotros radiantes. Nosotros fácil. Nosotros siguiendo las reglas. Nosotros descalzos. Nosotros de viaje. Nosotros leyendo. Nosotros de radio. Nosotros de polvo de bibliotecas. Nosotros de terrazas y de estrellas. Nosotros multiplicados. Nosotros reflejados. Nosotros inherente a cada uno. Nosotros en decadencia. Nosotros histriónicos. Nosotros verborrágicos. Nosotros seguros.
Nosotros como nosotros.
“Nosotros” por no decir “yo”.
lunes, 18 de octubre de 2010
Si todo lo que nos estuvimos prohibiendo todo este tiempo estaba en la cabeza. Una barrera entre sensorial y física que nos aplastaba, nos oprimía. Eso que nos hace sentir que está mal, que le falta algo, que no deberíamos. Como si algo de todo esto se pudiera simplificar, empaquetar y guardar en un cajón. Junto con todas esas otras cosas que no queremos ver. Como si algo de todo esto pudiera impedirse, como si no fuera nato, como esos primeros treinta segundos que conocés a alguien y no sabés por qué pero te da una impresión. Toda esa imagen que nos preocupamos por mantener todo el tiempo puede caer en un minuto frente a alguien que en serio te está mirando. Fijo y a los ojos. Y ya dejan de importar todas las morales, los valores, los prejuicios. Dejás de lado un rato los problemas, los tirás al piso junto con tantas otras cosas y lo que puedan llegar a decir te va a interesar muy poco cuando vuelvas a tu casa y te des cuenta que es sólo una cuestión de regar.
lunes, 4 de octubre de 2010
tengo que dejar de hablar en "nosotros"
Como si fuera una entidad, como si tuviera algún tipo de peso. Ese nosotros inventado de quién sabe cuándo, y el que lo dijo por primera vez seguramente era un perverso. Como si el nosotros hubiera logrado alguna vez algo excepto pre nupciales y divorcios. Como si el nosotros pudiera más que el yo de cada uno, como si no se destrozase con un par de palabras o un par de miradas. Un nosotros sarcástico, inmaduro que no ve más allá. Un nosotros mentiroso, fraudulento que lo único que quiere hacer es engañarnos. Ese nosotros que sin parecerlo siempre está tramando algo atrás nuestro. Un nosotros digno de ser aplaudido por su grandeza idílica en los cuentos y escupido por sus bajezas en la calle. Ese nosotros de bar y de primavera, de comida en la boca y patos. Ese nosotros infantil, casi de globos de plaza. Un nosotros que intenta seguir a pesar de todo, un nosotros que se auto engaña. Ese nosotros pedorro que cuenta chistes y se queda dormido al rato. Ese nosotros que da ternura y a la vez asco. Ese nosotros que juramos que duele cuando no está y extrañamos; y a pesar de lo mucho que lo querramos de vuelta cuando llega sigue siendo la misma mierda de antes. Ese nosotros que juega al poeta y se hace el intelectual. Ese otro nosotros que nos atrapa por su simpleza e inocencia. Un nosotros soberbio que mira desde arriba a los otros nosotros como si fuera mejor. Es cuando el yo se hace chiquitito ante el imponente nosotros. Ese nosotros que no sabemos bien cómo manejar, que mejor dicho nos maneja a nosotros, nos termina dando una patada en el culo.
domingo, 3 de octubre de 2010
Errare humanum est
Lo gracioso y patético de esta situación es este momento. Es estar comiéndome la cabeza sola, cual una gran pelotuda. Saber que vos seguís con tu vida, con tu día a día tan divertido ni siquiera te ponés de mi lado ni un segundo. Seguramente ni siquiera pienses qué me pasa ni un minuto de tu puta existencia (que bien puta y bien merecida la tenés). Que de TODAS las personas a las que le comento la situación algo para opinar tienen, como siempre, somos todos en este mundo gran opinólogos de lo ajeno y no movemos el culo ni tres centímetros cuando se trata de algo nuestro. Soy totalmente conciente de que la cantidad de cosas que yo me maquino por segundo en la cabeza no te pasan a vos ni media vez cerca. Que no importa lo mucho que lo quiera verbalizar, no me va a salir claramente. Leo todo como si fuera una especie de acción-reacción, pero como si todo tuviera que serlo. Es muy loco pero no todo tiene que ser analizado seis veces como para que cobre sentido o tenga un fin o tenga un patrón o trates de encontrar una causalidad en las cosas. No todo tiene por qué leerse de atrás para adelante o viceversa, no todo es reversible. Todas las cosas obviamente pueden re-interpretarse a posteriori, eso está claro. No todo está para siempre, no siempre todos están para uno. Uno muchas veces no está para nada dentro de sí y muchas otras no sabe bien quién está dentro de uno.
Otras veces nos arrepentimos de cosas que hicimos, el 90% restante es de cosas que no. ¿Y por qué no me pregunto muchas veces? ¿Por qué no dar el paso? ¿Por qué no seguir adelante? Es el miedo ese que te paraliza los pies y te encalla en pleno cemento. Es ese callar en los momentos claves. Es clave superarlo, no importa lo que sea que nos retiene. Renegar de la posición fácil en la que nos movemos todos los días y estamos sumergidos. De esas poses que tenemos, de las maneras y las formas, que vida hay una sola y hay que bailar..
Otras veces nos arrepentimos de cosas que hicimos, el 90% restante es de cosas que no. ¿Y por qué no me pregunto muchas veces? ¿Por qué no dar el paso? ¿Por qué no seguir adelante? Es el miedo ese que te paraliza los pies y te encalla en pleno cemento. Es ese callar en los momentos claves. Es clave superarlo, no importa lo que sea que nos retiene. Renegar de la posición fácil en la que nos movemos todos los días y estamos sumergidos. De esas poses que tenemos, de las maneras y las formas, que vida hay una sola y hay que bailar..
jueves, 16 de septiembre de 2010
De reflexiones
Creo que, como todo en la vida, pasa por algo. Y no por usar la frase trillada por usarla, porque está ahí y porque es bastante cierta. Sino porque no importa en qué nos fijemos, desde lo más chiquito. Todo pero absolutamente todo te deja algo, bueno, malo, superlativo, desastroso; hasta inclusive me atrevería a decir neutro. Pero todo, desde una mirada, hasta lo que te lavás de la cara cuando volvés a tu casa. Las épocas de fiestas y las de no tanto, estar pasando un rato con alguien, escuchar música sola. Estar haciendo un millón de cosas y no poder concretar una, estar esperando al cambio sentada. Organizar tu semana o armar proyectos muy a futuro. Saber qué querés, estar tratando de darte cuenta o que esté en un nivel inconsciente. Enojarte las veces que sea necesario o encontrarte en la alegría del otro. Es poder pensar algo un día y contradecirse el otro, ¡que para eso estamos vivos caramba! Es encarar proyectos o quedarse en la estaticidad temporal, mirando cómo pasan las cosas; que de eso también se aprende. No sólo experimentando, sino también mirando. Sacar una sonrisa, un llanto, una reacción. Es compartir silencios que son muy necesarios, no tener ganas de callarte algo. Esas épocas que sos pura concentración, otras que los crucigramas se te arman en la cabeza junto a cosas del día. Conocer gente nueva, quedarte siempre con los mismos. Sentir que no te entregás a nada o que estás dando todo. De los momentos de ocio y de los de un poco más de presión. De los métodos, de las formas, del contenido, del argumento; siempre se saca algo.
Poder disfrutar de los éxitos juntos y bueno..saber que en camino también te vas a encontrar con algún que otro fracaso. Pero que no pese, o a lo sumo que no le haga sombra a todo el cariño. Que nunca está demás, que siempre es útil. Que si hay algo importante que nos llevamos todos los días a la cama es un beso.
Poder disfrutar de los éxitos juntos y bueno..saber que en camino también te vas a encontrar con algún que otro fracaso. Pero que no pese, o a lo sumo que no le haga sombra a todo el cariño. Que nunca está demás, que siempre es útil. Que si hay algo importante que nos llevamos todos los días a la cama es un beso.
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