jueves, 1 de abril de 2010

AM

Que no sea perfecto no lo hace imperfecto a mis ojos. Lo hace real y tangible.
Lo hace de acá y no de ficción. Hace que nos encontremos, hace que tarde el tiempo que tenga que tardar, hace que me tenga que esperar el tiempo que me tenga que esperar. Que no tengamos muchas cosas en común, se verá. Él hace poco me dijo que eso era lo que nos hacía divertidos. Estar relajada tirados en el pasto, poder reirme de cualquier forma. No entender por momentos y que luego la confusión sea claro histeriqueo. Que el esceptisismo de todos los anteriores se lo lleve un sincero "me acordé de vos". Ver a las parejas besándose y no desearlo, sino recrearlo en un futuro. Una relación mística y simbiótica. Esperar del otro lo que uno da. Contar para las cotideanidades. Entender por señales que se busca lo mismo, o al menos proyectarlo. Querer presentárselo a tus amigos. Saber que no importa cómo se muestre o lo que sea van a estar contentos porque se está radiante. Y es que así me siento, cuando mira brilla la piel y la mirada. Es algo muy loco, pensar que no lo conozco casi nada. Saber que lo puedo tener a una hora de distancia y que lo querría más cerca, lo hace peligroso. Lo hace real.

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